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El problema de ventas que tiene tu empresa probablemente no es tu equipo de ventas

  • 7 jul
  • 5 min de lectura


Hay una conversación que se repite, con distintas palabras, en casi todos los equipos directivos de empresas de América Latina.


El CEO describe el mismo síntoma: los vendedores están trabajando, las visitas están sucediendo, el pipeline está lleno y los números no se mueven.


La conclusión inmediata suele ser la misma: hay que cambiar personas, contratar más, motivar diferente, pagar mejor y la organización hace exactamente eso y el resultado, seis meses después, es el mismo problema con caras nuevas.


Lo que pocas veces alguien dice en el equipo directivo es lo que los datos de campo confirman de manera consistente: el área comercial de la mayoría de las empresas en LATAM no fue diseñada para crecer, fue heredada para funcionar, y esa diferencia lo explica todo.


La venta que se heredó, no se diseñó


En más de una década acompañando procesos de transformación en empresas de la región, el patrón más recurrente no es la falta de esfuerzo ni la escasez de talento, es la ausencia de diseño.


El proceso de ventas se construyó por acumulación. Alguien que funcionó bien en el pasado definió cómo hacerlo, y esa práctica se convirtió en la manera oficial de vender, sin que nadie la cuestionara a medida que el mercado cambió, el cliente evolucionó o la empresa creció.


El resultado es una operación comercial sin método explícito, sin técnica de venta consultiva que enseñe a identificar necesidades antes de presentar soluciones, sin protocolo de seguimiento que no dependa de la disciplina individual de cada vendedor, sin una estrategia de acercamiento diferenciada según el tipo de cliente, el tamaño del deal o el momento del ciclo de compra.


Cuando preguntamos a los equipos comerciales cómo venden, la respuesta más honesta que recibimos es: "como siempre lo hemos hecho". Y eso, en mercados que no son los mismos que hace cinco años, es una receta para el estancamiento.


El talento en el rol equivocado


El problema de diseño no termina en el proceso, aparece también en "quién" hace "qué".

Existe una distinción fundamental entre tres perfiles de vendedor que pocas empresas en la región aplican de manera consciente: el hunter, el farmer y el inside sales. Cada uno responde a una personalidad distinta, tiene fortalezas diferentes y opera mejor en contextos específicos.


El hunter prospera en la apertura de mercados, la conquista de cuentas nuevas y la tolerancia a la incertidumbre. El farmer es el que construye relaciones de largo plazo y desarrolla el potencial de clientes existentes. El inside sales opera de manera eficiente en ciclos cortos, volumen alto y contacto remoto.


Cuando una organización no distingue estos perfiles, lo que ocurre es predecible: hunters encerrados en rutinas de gestión de cuenta que los asfixian, farmers presionados a prospectar fríamente sin las herramientas para hacerlo, inside sales navegando procesos diseñados para la venta presencial.


El efecto más visible es el estrés. No el estrés del vendedor que trabaja demasiado, sino el de alguien que trabaja mucho haciendo algo para lo que no fue hecho, ese tipo de estrés no se resuelve con coaching motivacional, se resuelve rediseñando "quién" hace "qué".


Un aspecto particular merece mención: los hunters, por su naturaleza, son resistentes a los sistemas rígidos de reporte. Esto genera fricción institucional constante y termina frustrando esfuerzos de seguimiento que tienen lógica para el área de ventas pero que no se adaptan al perfil natural de quien tiene que ejecutarlos. La simplificación del proceso de reporte para este perfil, lejos de generar laxitud, libera energía que va donde realmente importa: al cliente.


Lo que se mide no siempre es lo que mueve


En las organizaciones que hemos acompañado, los indicadores comerciales miden actividad, visitas realizadas, llamadas efectuadas, reuniones agendadas, rara vez miden efectividad.


El vendedor que hace treinta visitas al mes y cierra tres es evaluado igual que el que hace quince y cierra ocho, el sistema no ve la diferencia, y sin esa visibilidad, nadie puede mejorar lo que nadie mide.


A esto se suma un elemento que pasa desapercibido con frecuencia: el conocimiento del producto. En la mayoría de las empresas de la región, la actualización técnica del vendedor sobre lo que vende no ocurre de manera consistente. Se hace cuando llega un producto nuevo, o cuando un cliente hace una pregunta que el vendedor no puede responder.

No hay un ciclo de desarrollo sistemático que mantenga al equipo comercial afilado en el conocimiento que necesita para vender con confianza y credibilidad.


El resultado es un vendedor que compensa con relación lo que le falta en argumento técnico. Eso funciona hasta que el cliente tiene más opciones o más información que el vendedor.


Lo que cambia cuando intervienen método y diseño


Cuando Transilient ha intervenido en organizaciones con esta estructura, el primer resultado visible no viene de contratar mejores vendedores, viene de mejorar las condiciones en las que los vendedores actuales operan.


En los proyectos donde hemos trabajado únicamente en capacitación de técnicas de venta consultiva, sin tocar estructura ni proceso, el incremento en la concreción de leads ha sido efectivo, hemos logrado que ejecutivos que no estaban generando negocio fueron capaces de hacerlo, tambien logramos movilizar productos que estaban estancados lo cual termina potencializando el resultado general del equipo de ventas.


Cuando la intervención es integral, abarcando el rediseño del proceso, la alineación de perfiles al rol correcto, la definición de una estrategia diferenciada por segmento y la actualización del conocimiento técnico del producto, el impacto es mayor y, lo más importante, es sostenible.


No porque el equipo cambió, sino porque el sistema en el que opera fue diseñado, por primera vez, para producir los resultados que se le están pidiendo.


Una reflexión para el equipo directivo


La pregunta que vale la pena hacerse no es si el equipo de ventas está esforzándose lo suficiente. Esa pregunta casi siempre tiene la misma respuesta: sí.


La pregunta que cambia las cosas es si el área comercial de la organización fue diseñada o si simplemente creció, si hay un método explícito de venta consultiva o si cada vendedor vende como puede, si los perfiles están alineados a los roles que desempeñan o si la organización está perdiendo productividad por colocar a las personas en el lugar equivocado.


En la mayoría de las empresas de la región, la respuesta honesta a esas preguntas revela que el problema no es el talento. Es el diseño, y eso es, precisamente, lo que se puede cambiar.


Si tu organización está enfrentando este tipo de estancamiento comercial, podemos acompañarte en el diagnóstico y en el diseño de un sistema de ventas que genere resultados sostenibles.


 

 
 
 

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