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Promoviste a tu "mejor" candidato. Creaste a tu peor líder.

  • 28 jul
  • 7 min de lectura

La rotación no empieza cuando la persona se va, empieza cuando decides quién va a liderarla.



Pedro llegó el primer día entusiasmado.


Agente de servicio al cliente en una aerolínea, medio tiempo mientras estudiaba administración, para él era el inicio de algo grande.


Era muy bueno, en pocos meses le ofrecieron tiempo completo, luego supervisor junior y antes de haber ejercido ese cargo, la gerencia de un aeropuerto que necesitaba alguien urgente.


Conocía todos los sistemas, era diligente y afable, el candidato natural.


Seis meses después fue removido del cargo.


Una discusión que se salió de tono con un proveedor local terminó en demanda laboral contra la empresa. Pedro salió y con él varios colaboradores cercanos que también decidieron irse.


Cuando me enteré me hice la misma pregunta que se hace cualquier líder al escuchar una historia así: ¿cómo alguien que parecía tener todo fracasó en seis meses?


La respuesta no es que Pedro era la persona equivocada, es que la organización lo puso en la posición equivocada en el momento equivocado.


Pasó de supervisor junior con soporte a gerente en solitario, otra cultura, otro idioma, coordinando proveedores y autoridades, sin un solo día de entrenamiento en manejo de personal y limitados conocimientos de liderazgo. Alguien que funcionaba perfectamente en entornos estructurados fue lanzado a la incertidumbre total.


Pedro no fue un fracaso, fue el síntoma de un problema que tiene nombre, que tiene datos y que en América Latina afecta a más organizaciones de las que lo reconocen.

 

El síndrome del ascenso prematuro


Existe una lógica que se repite en casi todas las empresas de la región: cuando hay una vacante de liderazgo, la primera mirada va hacia adentro. Eso, en principio, es correcto, el problema está en cómo se ejecuta esa decisión.


La mayoría de las promociones internas en LATAM se hacen sobre la base de dos criterios: el desempeño técnico en el rol anterior y la disponibilidad. El colaborador que mejor ejecuta la tarea se convierte en el candidato natural para liderar a quienes la ejecutan y la urgencia de cubrir la posición hace que ese proceso se acelere y muchas veces se haga incompleto.


El resultado es lo que los especialistas en gestión de talento llaman el "síndrome del ascenso prematuro": una persona con fortalezas técnicas sólidas es promovida a un rol de liderazgo sin que se le haya desarrollado, ni verificado la capacidad para ese rol. Lo que funciona en el técnico no siempre funciona en el líder.


Liderar no es una versión más difícil de ejecutar, es un conjunto de competencias distinto: comunicación, toma de decisiones bajo ambigüedad, gestión de conflictos, motivación de equipos, manejo de la presión institucional. Estas competencias no se desarrollan automáticamente con el tiempo en un rol técnico, se construyen, se entrenan y requieren un entorno que las soporte.


Cuando la organización no provee ese entorno, el colaborador promovido aprende por golpe, algunas veces aprende bien y llega a ser un buen líder. Con más frecuencia, sin embargo, aprende mal, genera fricciones, pierde credibilidad y termina siendo removido.

 

Los datos que confirman el patrón


El caso de Pedro no es una anécdota aislada, los datos sobre rotación de talento en América Latina confirman que el patrón es sistemático.


Hasta el 70% de las renuncias voluntarias en la región ocurren por problemas directos con el líder inmediato. No por el trabajo en sí, no por el salario, no por la empresa como entidad, por la persona que quedó frente al equipo.


A esto se suma que los errores en la selección y promoción de perfiles se reflejan rápido: las organizaciones con procesos de incorporación débiles y sin criterios claros de alineación de perfiles reportan hasta un 30% de aumento en la rotación durante los primeros 90 días, y cuando sale, cuesta.


Reemplazar a un colaborador técnico o de mando medio en LATAM implica un costo de entre 3 y 9 meses de su sueldo cuando se suman reclutamiento, incorporación, curva de aprendizaje y pérdida de productividad del equipo durante la transición. Para un gerente promovido que fracasa a los seis meses, ese costo se duplica: hay que sumar lo que costó la salida de los colaboradores que se fueron con él.


Lo que hace que este número sea especialmente relevante es lo que hay del otro lado: las herramientas que previenen este ciclo, procesos estructurados de evaluación para la promoción, programas de onboarding para líderes, retroalimentación sistemática en los primeros meses del nuevo rol, no llegan ni a la mitad de ese costo en un año de implementación.


La organización no tiene un problema de talento, tiene un problema de diseño en cómo gestiona las transiciones de ese talento.

 

El costo que no aparece en ninguna línea


Hay algo que los números sobre rotación no capturan del todo y que es, en muchos casos, el costo más real del síndrome del ascenso prematuro: el daño al equipo que rodea al líder que fracasa.


En el caso de Pedro, la empresa no perdió solo al gerente del aeropuerto, perdió también a varios colaboradores que habían trabajado con él, que lo conocían, en quienes había confiado. Esas personas no se fueron porque el trabajo fuera malo, se fueron porque el liderazgo que les pusieron encima generó un entorno que no quisieron sostener.


Este efecto cascada no aparece en ninguna línea del estado de resultados. Aparece en el ambiente del equipo, en la productividad del trimestre posterior a la salida, en la memoria institucional que se va con cada persona que decide no quedarse.


En las organizaciones donde el síndrome del ascenso prematuro es recurrente, eventualmente se instala una cultura de desconfianza hacia el proceso de promoción. Los colaboradores aprenden que los ascensos son arbitrarios, que el criterio es la urgencia o afinidad más que la preparación, y que estar cerca del poder es más determinante que el desempeño real. Eso no es solo un problema de rotación, es un problema de cultura organizacional que se asienta silenciosamente.

 

La oportunidad de Recursos Humanos


En muchas organizaciones de la región, la decisión de promover a alguien ocurre en una conversación entre el jefe directo y la gerencia general. Recursos Humanos se entera después, cuando ya hay que hacer el cambio de cargo en el sistema.


Ese modelo tiene una consecuencia directa: las decisiones de promoción quedan fuera del único equipo de la organización que tiene visibilidad técnica sobre las competencias de liderazgo, los perfiles de los colaboradores y los riesgos asociados a una transición.


Existe un espacio concreto para que Recursos Humanos asuma un rol más estratégico en este proceso: diseñando criterios explícitos para las promociones a roles de liderazgo que vayan más allá del desempeño técnico, implementando evaluaciones que verifiquen preparación para el nuevo rol antes de la decisión, estructurando programas de onboarding específicos para colaboradores que transicionan a posiciones de mando y construyendo sistemas de retroalimentación temprana que permitan intervenir antes de que el problema se consolide.


Cuando Recursos Humanos tiene acceso a las decisiones de promoción en tiempo real, no como área de soporte que ejecuta el cambio, sino como voz técnica que evalúa la preparación del candidato, el resultado no es burocracia adicional. Es una capa de criterio que protege tanto al colaborador promovido como al equipo que va a liderar.

 

Lo que cambia cuando la transición es diseñada


En los procesos donde Transilient ha acompañado a organizaciones en el diseño de rutas de desarrollo y promoción consciente, el primer cambio visible no es la reducción de rotación, es la reducción del tiempo en que un nuevo líder alcanza plena efectividad en su rol.


Cuando hay un proceso estructurado que precede a la promoción, evaluación de competencias de liderazgo, plan de desarrollo con metas claras, onboarding del rol con soporte de un par o mentor interno el colaborador llega al cargo con una base distinta. No llega a aprender desde cero bajo presión, llega con un marco, con herramientas y con un sistema que lo sostiene en los primeros meses.


El segundo cambio es en la confianza del equipo, un equipo que ve que su organización invierte en preparar a sus líderes antes de nombrarlos percibe que la organización tiene criterio, y eso tiene un efecto directo en la disposición de ese equipo a comprometerse con el nuevo liderazgo.


El tercer cambio es estructural: cuando las decisiones de promoción se toman con criterios explícitos y con información objetiva sobre preparación para el rol, la conversación sobre talento deja de ser intuitiva y pasa a ser técnica.

 

Una reflexión para la alta dirección


Pedro no era la persona equivocada.


Era la persona correcta en el rol equivocado, en el momento equivocado, sin el soporte adecuado, y la organización que lo promovió tenía buenas intenciones pero ningún proceso que le permitiera saber la diferencia.


La pregunta que vale la pena hacerse no es si la empresa tiene buenos colaboradores, casi siempre los tiene. La pregunta es si tiene un proceso que los prepara para liderar antes de ponerlos a liderar, o si confía en que el talento natural va a resolver lo que el diseño organizacional no hizo.


Si las promociones a liderazgo en la organización se deciden principalmente por urgencia y desempeño técnico previo, si no hay un proceso estructurado de evaluación de preparación para el rol, si el onboarding de nuevos líderes es el mismo que el de cualquier colaborador nuevo y si Recursos Humanos se entera de las decisiones de promoción cuando ya están tomadas, entonces la organización no tiene un problema de talento, tiene un problema de diseño en cómo gestiona las transiciones de ese talento.


Y ese problema tiene solución. Una solución que cuesta menos que una rotación y que cambia la manera en que la organización desarrolla a su gente de manera permanente.

 

Si tu organización está enfrentando este tipo de rotación o quiere construir un proceso más sólido de desarrollo y promoción de liderazgo, podemos acompañarte en el diagnóstico y diseño.



 

 
 
 

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