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Ya había elegido al candidato, los datos dijeron exactamente lo contrario.

  • 4 ago
  • 6 min de lectura

Actualizado: hace 3 días

Seis meses después, la facturación de sus restaurantes había subido 18%.


En diez años acompañando proyectos de mejora en manufactura, hospitalidad, servicios financieros, salud y transporte, hay una industria que se comporta como un laboratorio y son los restaurantes.


No porque sean más simples, no lo son, sino porque el tiempo que pasa entre hacer un cambio y poder medir su impacto es de uno a tres meses. En manufactura ese ciclo puede tomar un año, en banca dos o más dependiendo también del ciclo y tipo de producto. En un restaurante, si mueves algo importante, lo sabes en el siguiente trimestre.


Esa velocidad convierte a los restaurantes en el mejor lugar para probar si una hipótesis sobre gestión de personas realmente sostiene, o sólo suena bien en una presentación.

Hace más de ocho años empezamos a hacer exactamente eso.

 

La correlación que nadie esperaba encontrar


El ejercicio comenzó con un grupo de restaurantes franquiciados por un mismo dueño, franquicias distintas, tipos de comida distintos, ubicaciones distintas.


Empezamos midiendo Net Promoter Score en cada uno, para entender cómo percibían los clientes el servicio en cada local, después hicimos un diagnóstico del estado de la cultura organizacional, restaurante por restaurante.


Lo que apareció al cruzar los resultados fue más contundente de lo que anticipábamos: existía una correlación fuerte entre las variables de liderazgo y compromiso de cada equipo, el Net Promoter Score de ese local y sus resultados de rentabilidad, tanto en ticket promedio como en ventas totales.


Los restaurantes con mejor liderazgo tenían clientes más satisfechos y los restaurantes con clientes más satisfechos facturaban más. La cadena era visible en los números, no en la intuición.


Apareció además un hallazgo que hoy seguimos encontrando en casi todas las operaciones de servicio: había diferencias marcadas de percepción entre el personal de cocina y el de atención al cliente, dos culturas conviviendo bajo el mismo techo, algunas con lecturas muy distintas del mismo liderazgo.

 

Del último lugar al primero, en seis meses


El escepticismo inicial fue considerable, y era razonable, un diagnóstico de cultura suena a lenguaje suave en un negocio donde lo que importa es el margen por plato.


Pero el diagnóstico habilitó algo concreto: una serie de acciones controladas y movimientos específicos de personal en uno de los locales, implementados casi de inmediato.


El resultado fue difícil de discutir, seis meses después, el restaurante que generaba los peores resultados del grupo era el número uno.


A partir de ahí el dueño hizo lo que hace un buen operador cuando ve evidencia: instaló indicadores permanentes para monitorear el desempeño de manera continua y convirtió la medición en parte de la operación, no en un proyecto que termina.

 

Ocho años después: la decisión que iba a tomar


Hace algunos meses ese mismo cliente enfrentó una decisión distinta, necesitaba contratar a un nuevo director de operaciones, una posición con impacto directo sobre varios de los restaurantes del grupo.


Ya había corrido el proceso completo: entrevistas, pruebas psicométricas, validación de referencias, revisión de trayectoria, todo lo que se hace bien en una selección seria.

Y ya tenía decidido a quién iba a contratar.


Entendiendo lo que estaba en juego, aceptó apoyar esa decisión con una solución de gestión de talento apoyada en inteligencia artificial antes de firmar.


La diferencia con una prueba psicométrica tradicional está en qué se mide, esta solución no evalúa únicamente al candidato de manera aislada, incorpora también al jefe directo, a los reportes que va a tener a su cargo, la cultura específica de la organización y la descripción real del puesto, para predecir cuál de los candidatos tiene el mejor ajuste al conjunto.


No pregunta quién es mejor, evalúa quién funciona mejor aquí, con esta gente, en este momento del negocio.

 

La recomendación fue exactamente la contraria


El resultado del análisis contradijo por completo la conclusión del proceso tradicional, el candidato recomendado no era el que el dueño había elegido.


Esa es la parte incómoda, y también la más valiosa, un proceso de selección bien ejecutado, con entrevistas competentes y psicometría seria, había llegado a una respuesta distinta a la que arrojaban los datos de ajuste organizacional.


El cliente decidió seguir la recomendación.


En los meses siguientes, además de una mejora en el Net Promoter Score, la facturación de los restaurantes a su cargo creció alrededor de 18%.


El desenlace del caso dice algo más: adquirió la solución para todos sus restaurantes y hoy todos los procesos de contratación incorporan la cultura deseada de la franquicia específica para la que se está contratando, dejó de ser una prueba y pasó a ser un modelo de cómo contrata.

 

Por qué esto no es una anécdota afortunada


Es tentador leer este caso como una coincidencia bien contada, los datos de la región sugieren lo contrario.


Cerca de 7 de cada 10 empleadores en América Latina reportan dificultad para encontrar candidatos con las competencias que sus posiciones estratégicas requieren, según la medición de escasez de talento de ManpowerGroup para 2026. En México la cifra llega al 67%, en Perú al 70%, en Argentina al 68%. El problema no es marginal ni sectorial.


Las organizaciones con procesos maduros de identificación y desarrollo de talento crítico alcanzan entre 20% y 25% más de rentabilidad que sus competidores directos, de acuerdo con investigaciones de McKinsey y la Organización Internacional del Trabajo.


En sentido inverso, no contar con el perfil adecuado en una posición de alto impacto puede costar entre 1.5 y 2 veces el salario anual de esa posición, cuando se suman pérdida de productividad, tiempo de aprendizaje y adaptación, y el proceso de reclutamiento que hay que volver a correr.


Y hay un dato que cambia la conversación sobre presupuesto: desarrollar y reubicar internamente al personal existente resulta entre 30% y 50% más rentable que contratar talento externo especializado en mercados competidos.


Puestos juntos, esos cuatro números describen la misma realidad desde ángulos distintos: el talento correcto en la posición correcta no es un tema de gestión humana, es una variable financiera de primer orden que la mayoría de las organizaciones sigue decidiendo por intuición.

 

Lo que realmente cambió en este caso


Vale la pena separar qué produjo el resultado, porque no sólo fue la herramienta.


Lo que cambió fue qué información entró a la decisión. El proceso tradicional evaluaba al candidato, el proceso apoyado en datos evaluó la relación entre el candidato, su futuro jefe, su futuro equipo, la cultura del negocio y las exigencias reales del puesto.


Un candidato no es bueno o malo en abstracto, es adecuado o inadecuado para un contexto específico, y ese contexto es exactamente lo que los procesos de selección convencionales no logran incorporar de manera estructurada.


Lo segundo que cambió fue la disposición del dueño a que los datos le contradijeran una decisión que ya había tomado, eso no es un mérito de la tecnología, es un mérito del líder, y es, en la práctica, la variable más escasa de todas.

 

Una reflexión para la alta dirección


La pregunta no es si tu empresa contrata bien, casi todas creen que sí, y casi todas tienen un proceso razonable.


La pregunta es qué información entra a esa decisión y qué queda fuera.


Si el proceso evalúa al candidato pero no mide su ajuste con el líder que lo va a dirigir, si la cultura real de la organización no está incorporada como criterio, si la descripción del puesto refleja lo que se escribió hace tres años y no lo que el negocio necesita hoy, entonces la decisión se está tomando con información incompleta, por buena que sea la entrevista.


Y en una posición de alto impacto, esa información incompleta cuesta entre 1.5 y 2 veces el salario anual cuando sale mal, además de lo que deja de ganarse cuando sale sólo aceptable.


El talento tiene un impacto altísimo en el negocio, incorporar al mejor talento posible para el momento específico de la organización, anticipar cómo se van a desempeñar los equipos y diseñar planes de desarrollo alineados tanto a las personas como a los requerimientos del negocio no genera únicamente compromiso y satisfacción del cliente, genera rentabilidad superior.


No es ciencia ficción, es un restaurante que pasó del último lugar al primero, y un grupo de restaurantes que factura 18% más porque alguien estuvo dispuesto a que los datos le llevaran la contraria.

 

¿Qué información entra hoy a las decisiones de contratación o desarrollo en tu organización, y cuál queda fuera?


Si te interesa entender cómo funciona este tipo de análisis en una organización como la tuya, déjanos un comentario o escríbenos directamente. Con gusto te explicamos el detalle, sin compromiso.

 

 

Sobre el autor: Carlos Molina es cofundador de Transilient Consulting, consultora boutique especializada en transformación organizacional para empresas en América Latina. Más de 10 años acompañando procesos de cambio en 14 países.

 
 
 

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